Salud y Beneficios

Sauna y salud cardiovascular: hallazgos y pautas seguras

Estudios muestran tendencias sobre sauna y riesgo cardiovascular. Explicamos mecanismos, efectos en presión y circulación y pautas prácticas para un uso seguro.

El vínculo entre sauna y el sistema cardiovascular es un tema muy observado dentro de los efectos sobre la salud. Estudios observacionales en el extranjero han reportado que las personas que usan sauna con mayor frecuencia tienden a tener un menor riesgo de eventos cardiovasculares y de mortalidad relacionada. Sin embargo, esto no significa que la sauna trate enfermedades ni que por sí sola prevenga problemas cardiovasculares.

En este artículo organizamos de forma práctica los contenidos que suelen aparecer en la literatura sobre la relación entre sauna y corazón y vasos sanguíneos, los mecanismos propuestos y los puntos de precaución para quienes tienen enfermedades crónicas.

Lo que muestran los estudios

Uno de los hallazgos más citados proviene de un estudio observacional finlandés a largo plazo, que mostró una asociación entre mayor frecuencia de uso de sauna y menor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares y de muerte súbita. A simple vista los números pueden sugerir una relación fuerte, por lo que a menudo se presenta como evidencia de beneficio de la sauna.

Sin embargo, los estudios observacionales no prueban causalidad. Es posible que hábitos de ejercicio, dieta, sueño o la situación socioeconómica de quienes frecuentan la sauna influyan en los resultados. Por eso no es apropiado tratar la sauna como un medicamento.

¿Qué mecanismos se consideran?

Al entrar en la sauna la temperatura corporal aumenta, los vasos cutáneos se dilatan y la frecuencia cardiaca se incrementa. Esto provoca una carga y una respuesta temporales sobre el sistema circulatorio. En personas sanas se piensa que estos cambios actúan como un estímulo similar al ejercicio.

Además, la reducción del estrés por relajación, la mejora del sueño o la disminución temporal de la presión arterial pueden contribuir a mejoras en el estilo de vida a largo plazo. No obstante, estos efectos suelen deberse a múltiples factores convergentes y no conviene simplificarlos como efectos exclusivos de la sauna.

Efectos sobre la presión arterial

Tras la sauna los vasos se dilatan y la presión arterial tiende a bajar, por lo que algunas personas pueden experimentar mareos al incorporarse. Por otro lado, hay informes que sugieren que a largo plazo la presión puede mantenerse en niveles algo más bajos.

No obstante, en personas con hipertensión la seguridad depende de la gravedad y del tratamiento farmacológico. No se debe sustituir el control médico por la sauna; lo recomendable es mantener la gestión clínica y usar la sauna dentro de límites compatibles con el estado de salud.

¿Es imprescindible el baño de agua fría?

En Japón es habitual entrar en un baño de agua fría tras la sauna, pero desde la perspectiva cardiovascular no es obligatorio para todos. Algunas personas disfrutan el choque térmico, mientras que para otras la variación brusca de temperatura puede ser un estrés adicional.

Especialmente las personas mayores o con enfermedades crónicas pueden estar más seguras tomando una ducha tibia o descansando antes de exponerse a frío intenso, en lugar de saltar directamente a un baño de agua fría. El hecho de que los estudios muestren asociaciones con la sauna no implica que sea necesario reproducir exactamente todas las prácticas, incluido el baño de agua fría.

Quién debería tener precaución

Deben ser cautelosos quienes tienen insuficiencia cardíaca, arritmias, angina de pecho, se encuentran en periodo postinfarto, hipertensión grave o tendencia a la deshidratación. Es aconsejable evitar la sauna cuando el estado general no es estable o cuando persisten síntomas.

También se recomienda evitar la sauna después de haber bebido alcohol o usarla como una competición de resistencia para ver quién aguanta más, ya que ambos aumentan la carga cardiovascular. Si se buscan beneficios para la salud, lo primero es evitar prácticas peligrosas.

Indicaciones prácticas para un uso seguro

Incluso si se desea integrar la sauna por sus posibles efectos cardiovasculares beneficiosos, no es necesario buscar temperaturas extremas, sesiones largas o frecuencias excesivas. Es más seguro y sostenible hacer sesiones breves, hidratarse adecuadamente y tomar descansos.

Es especialmente importante no sentirse mareado tras la sauna, no presentar palpitaciones o dolor torácico y no quedar con fatiga intensa al día siguiente. Usar la sauna dentro de límites que permitan una práctica continuada sin esfuerzo excesivo suele ser la opción más realista.

¿Cómo debemos considerar la sauna?

La sauna no es un tratamiento para enfermedades cardiovasculares; más bien es una posible herramienta dentro del estilo de vida que está siendo investigada. Sus efectos periféricos como mejor sueño, relajación y tiempo de descanso pueden contribuir a un ritmo de vida más saludable.

En cambio, las personas con cifras anormales o síntomas deben priorizar la evaluación médica antes de usar la sauna. Esperar mejoras en los datos de salud sin supervisión puede retrasar una atención necesaria.

Resumen

En estudios observacionales se ha observado que las personas que usan la sauna con más frecuencia tienden a presentar menor riesgo cardiovascular. Sin embargo, esto no prueba causalidad y no se debe tratar la sauna como sustituto de tratamiento o prevención médica.

En la práctica, conviene sesiones cortas, descansos y rehidratación adecuados. Ante enfermedades crónicas, evitar la autoevaluación y consultar al médico para incorporar la sauna de forma segura.

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